Últimos días en Berlín: Ambiente Físico

Miguel Santacruz, el padre de Yuri, llegó a la hermosa ciudad de San Petersburgo, la segunda ciudad más poblada de Rusia y su capital cultural en la primavera de 1906 para incorporarse como agregado de negocios a la embajada de España en la Rusia zarista. Perdió la oportunidad de abandonar Rusia y regresara España junto con la mayoría de la plantilla diplomática cuando, en el verano de 1918, poco después de la ejecución del zar Nicolás II y la familia imperial Románov, la embajada cerró la legación.
A pesar de todo lo sucedido, parte de la familia logra trasladarse a Berlín, un vibrante centro cosmopolita a orillas de los ríos Spree y Havel, conocido por su profunda historia del siglo XX, arquitectura diversa, más de 170 museos y una alta calidad de vida. En esta ciudad permanecieron varios meses, y de ahí, tomaron un tren que los llevó a Madrid, la capital de España y su ciudad más grande, situada en el centro de la Península Ibérica. Es el centro político, albergando la sede del Gobierno y la monarquía. Destaca por ser un importante centro cultural, financiero y turístico con gran actividad nocturna. Es ahí, donde se quedaron a vivir. Sin embargo, Yuri nunca renunció a buscar a su madre y a su hermano menor y sacarlos de la Unión Soviética, para traerlos a España. Así que, el trabajo que le ofrece Villanueva lo hace volver a Alemania.
Para Yuri, su ida a Alemania es el paso previo para llegar a Rusia, país que abandonó en 1921. Es el escenario principal de la historia. De ahí que, la novela comienza con el regreso de Yuri a Berlín. Es el año de 1933. Yuri caminaba por la Puerta de Brandeburgo hasta llegar a la cancillería donde Hitler esperaba el desfile en el balcón.
A partir de ahí, se desatan todos los acontecimientos que van a durar seis años, hasta que por fin puede cumplir el sueño anhelado de volver a Rusia. Llega a Moscú, en septiembre de 1939, solo que tras los sucesos ocurridos, nuevamente el destino de la mano de Smelov, lo precipita a la Región de Kolimá, un campo de trabajos forzados en el que durará hasta el 10 de mayo de 1945, para llegar otra vez a Moscú y ahí, con un salvo conducto esta vez de la mano del Konstantín Rokossovski que le permitirá viajar hacia el oeste como refugiado.
Ese mismo año regresa a un Berlín destruido y devastado, con una población ocupada y culpabilizada de todos los males para seguir a Suiza y se queda unos días en Berna, una vasta ciudad-estado al norte de los Alpes, construida en torno a un recodo del río Aar, con arquitectura medieval y preservada en el Altstadt (Ciudad vieja).
Seguirá con su familia al pueblo de Brienz, una comuna suiza a las orillas del Brienzrsee, donde se instalará con Claudia y los niños, una vez que arregló los asuntos pendientes en la notaría que le había dejado Erich Villanueva al nombrarlo heredero universal de toda su fortuna y firmar toda la documentación.
