De ninguna parte: LA TEMÁTICA RECURRENTE DE JULIA NAVARRO:

Julia Navarro hace mención en la mayoría de sus libros a esa zona del Oriente Medio que está en conflicto al narrar hechos donde se involucran a los judíos y los grupos extremistas árabes palestinos.
Así, en La Hermandad de la Sábana Santa hace un recorrido histórico desde la actualidad hasta la época de Jesucristo. En La biblia de barro nos sumerge nuevamente en los tiempos bíblicos.
En La sangre de los inocentes observamos como un grupo de musulmanes radicales se inmola
en Frankfurt dejando tras de sí un
mensaje críptico que pone en estado de
alerta al Centro Antiterrorista de la Unión Europea, cuyos agentes,
con la ayuda de los servicios secretos
del Vaticano, intentarán develar
un enigma que une la intolerancia de la
Inquisición, la sinrazón fascista y el
integrismo islámico en una frase: algún día alguien vengará la sangre de los
inocentes.
En Dispara, ya yo estoy muerto describe el origen del conflicto palestino desde sus inicios de una manera muy humana y sin faltar al rigor histórico. Es la historia de dos sagas familiares, la de la familia árabe palestina de los Ziad y la de la familia judía de los Zucker. Nos cuenta la historia de los judíos desde que fueron deportados por el Zar en Rusia hasta que consiguen tener su propia tierra. Julia Navarro nos hace un retrato exhaustivo y documentado de la historia de Palestina del siglo XX y la creación del Estado de Israel.
Y en De ninguna parte se adentra en un plano más íntimo, el que afecta a quienes se ven obligados a estar en una u otra parte, es lo que se percibe de manera muy clara a través de los personajes de Abir y Jacob. Nos muestra lo perdida que puede llegar a sentirse una persona en determinadas circunstancias. Para los dos protagonistas es difícil integrarse en la sociedad.
Julia Navarro a través de sus personajes Abir y Jacob nos presenta una historia que se adentra en el terrorismo islámico de los grupos extremistas, cuyas raíces están en el conflicto judeo-palestino.
A su vez, el desarraigo es un elemento determinante en los dos protagonistas de la novela. Abir y Jacob, aunque pertenezcan a grupos distintos, comparten un mismo sentimiento: sus circunstancias personales les han impedido tener raíces, sentirse parte de una familia, de una sociedad y de un país. Ambos fueron arrancados de sus orígenes y los convirtieron en personas de ninguna parte. Y esto, los marcará definitivamente, tanto a ellos como a su entorno. La diferencia estriba en que Abir es integrante de un grupo extremista cuyo objetivo es el uso de la violencia, la intimidación y el terror y Jacob pertenece a un grupo que los combate y extermina.